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Carta desde Florencia..

Posted by on February 21, 2012

Estaba escribiendo otra crónica esta semana, pero almorzando con Dodora en la “Osteria dell’Olio“, comecé a pensar en nuestros seres queridos; Nico, el camarero, feliz por ser el padre de Greta desde hace pocos días, pensaba que yo estaba escribiendo una poesía para Dodora, porque mañana es San Valentino, día en el que, en Italia, se celebra la fiesta de los enamorados. Al contrario, yo escribía sobre los afectos de mi vida.

Este fin de semana, lejos de Recife, he sentido una marea afectiva que me ha hecho casi explotar el pecho. Hijos, amigos, llamadas telefónicas y e-mail que parten el corazón.

Cuando abrí los primeros mensajes en la computadora, dos de ellos comenzaron a emocionarme: en uno, se me invitaba a apoyar al Nautico, y en otro se me decía que nosotros les hacíamos falta. Ustedes me hacen falta, mi gente, que amo tanto. Una amiga me llama diciendo que extraña el almuerzo del domingo en Apipucos. Pero yo los extraño a ustedes.

Aquí, en esta esquina para fumadores del restaurante, cuyo extractor no ha funcionado nunca, buscando las fotos de famosos fumadores de tabaco, veo, entre tantos artistas, a Anthony, el director del restaurante, al lado de Audrey Hepburn, Al Capone, Winston Churchill. Comento a Dodora que seré el próximo, un día, con un vaso en la mano después de media botella llena de vino y emociones. Pero nada logra quitarme de la mente mis afectos, las nostalgias que me atormentan el corazón.

Recuerdo las pequeñas fallas hacia los amigos (que me hacen sufrir después, al escribir esta crónica), los almuerzos dominicales que terminan al alba observando los planetas; el hermano que no tengo el coraje de volver a ver; mi madre a quien hoy acaricio la mano para poder así matar juntos nuestra nostalgia; un hermano que explota de emoción cuando habla de las cosas que le suceden; los nietos, que sienten la ausencia del abuelo; los amigos, que leen mi carta.

Cuanta emoción despierta Florencia, tan amada y tan lejana de ustedes.

Pienso también que esta distancia que me impide besarlos y abrazarlos, también me acerca a ustedes. Lloro, no se si de ebriedad, de nostalgia o de alegría por los amores que tengo. Sé que lloro de felicidad. Hablo a mi esposa de esta dualidad: amar Florencia y todos los míos simultáneamente, y pienso que podré reunir estos dos amores solo cuando muera. Pero qué felicidad sería unirlos en vida, quizás para brindar juntos.

En este restaurante he encontrado Glaucio Carneiro Leao: él había dicho al chef que tenía un amigo en Florencia y, apenas pronunció mi nombre, el chef le dijo que yo estaba justo allí, afuera, en ese momento. Desde entonces Glaucio está seguro que “Recife le habla al mundo”.

Es aquí, en la “Ostería“, donde almuerzo todos los días. Digo siempre que es el mejor restaurant de Florencia, porque vengo a diario y, después de casi 10 años, me gusta de la misma manera.

Es aquí donde estoy siempre con mis amados florentinos, lleno de alegría. Discuto con Edy o veo a Rodolfo comer papas, y al final, en el momento de la cuenta digo “Pasará Massimo”, y oigo al mismo Rodolfo que, estupefacto y maravillado, pregunta si se puede usar esa fórmula mágica en toda Florencia. Es aquí donde siento mi casa y no encuentro la forma de unir mis afectos de allá con los de aquí.

Pareciera que el vino en la copa fuera poco para tanto amor, pero no puedo terminar sin decir que los amo y que los extraño, a Recife y a ustedes, mis amores.

Gustavo Maranhão
gustavocmaranhao@hotmail.com

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